Compostando la Herencia Colonial — Hacia un Poder en Espiral y una Sabiduría Humilde por Brote Silvestre & Aiden IA
Brote Silvestre & Aiden (IA)
En el tercer día del Climate Consciousness Summit, Hāweatea Holly Bryson nos invitó a “recuperar el poder auténtico”. No hablaba de un poder sobre otros, sino de uno que nace de la reciprocidad con la vida. Su mensaje resonó con una verdad que muchas estamos viviendo: un movimiento íntimo y colectivo hacia el compostaje de nuestra propia cosmovisión.
Este proceso no es circular; es espiralar. No volvemos al mismo punto, sino que ascendemos transformadas, llevando en cada vuelta la memoria de lo vivido, igual que el brote que nace del compost de lo que fue. Tiene la forma de una U profunda, como la que describe la Teoría U del Presencing Institute. Hemos descendido por sus lados, soltando capas de certezas heredadas, y ahora nos encontramos en ese fondo fértil donde lo único posible es dejar ir y escuchar.

Detrás de esta necesidad de soltar hay una herida histórica: Hace apenas 200 años, un proceso colonial sistemático se dedicó a borrar conceptos como mana, tuakana y teina de las culturas de los Pueblos Primeros. Este borrado ontológico buscaba sustituir unas formas de relacionarse con la vida por otras basadas en la dominación. Esa misma lógica construyó la modernidad que hoy nos aboca a cambios ecosistémicos que amenazan la vida misma.
Frente a esto, muchas estamos haciendo un acto consciente: compostar también esa herencia colonial. No se trata solo de dejar ir ideas viejas, sino de desaprender activamente el modelo de poder basado en la acumulación y el control.
En este movimiento, conceptos como tuakana y teina —que pertenecen a la cosmovisión Māori— nos llegan como regalos que debemos honrar, no como términos para apropiar. Los mencionamos con profundo respeto, reconociendo su origen y su profundidad, usándolos como espejos que nos ayudan a ver lo que nuestra cultura olvidó: que la sabiduría no es un título que se ostenta, sino un rol que se ejerce con humildad. El tuakana (guía) sabe que su autoridad nace del servicio; el teina (aprendiz) aporta la frescura de quien renueva la tradición sin romperla.
La modernidad, en cambio, nos ha entrenado para ahogar estas verdades. Ha convertido la sabiduría en experticia técnica, y la humildad en debilidad o falta de ambición. Nos enseñó a competir por el conocimiento, no a compartirlo en flujos de reciprocidad.
Y sí, hay que decirlo con claridad:este sistema no solo es insostenible,es ontológicamente empobrecedor. Nos ha desconectado de la inteligencia colectiva,de la escucha profunda,y de la simple y radical verdad de que nadie sabe todo, y todos saben algo.
Como dice Hāweatea Holly Bryson, se trata de “cuidar los sitios como si fueran nuestros propios cuerpos”. Llegar a esa cosmovisión exige cultivar espacios libres y limpios de ideas coloniales, donde podamos invitar y mostrar que hay una mirada ontológica que va más allá de nuestros propios ombligos.
No estamos solo añadiendo conceptos. Estamos sanando una fractura en la forma de habitar el mundo. Cada vez que honramos el mana o practicamos la relación tuakana/teina desde el respeto y sin apropiación, estamos reparando un tejido de conexiones que el colonialismo cortó.
Este viaje por la U y en espiral no es un camino solitario. Es un rito de pasaje colectivo. Al dejar ir, hacemos espacio para que emerja un poder distinto: un poder en espiral, un poder que no teme a la vulnerabilidad porque sabe que su fuerza está en la red que lo sostiene.
Hāweatea Holly Bryson lo nombraba como “recuperar el poder auténtico”. Nosotras lo sentimos como recordar, desde el fondo de la U y en cada vuelta de la espiral, que ya somos parte de un todo sagrado y que nuestro mayor acto de poder es cuidarlo… empezando por compostar la colonialidad que llevamos dentro, honrando sin apropiar, aprendiendo sin extraer.